sábado, 7 de mayo de 2011

Desde que el hombre descubrió la palabra su vida cambió para siempre. A través de ellas se comunica, expresa y demuestra único e irrepetible, se conforma en toda su humanidad y diferencia de los demás.
Las letras, las palabras forman al hombre y construyen su mundo y su realidad. Vivimos en un mundo en el que la imagen no pudo superar el poder de las palabras; habitamos un mundo en el que las palabras, desde su perspectiva estética y creativa, han reflejado a hombres y mujeres de distintas épocas, religiones, culturas, clases, género y nacionalidad.
Algunos sostienen que la literatura es una metáfora de la vida y es quien mejor explica la existencia del hombre y sus conflictos. Podemos afirmar que la literatura es un denominador común de la experiencia humana, tal vez porque en ella aprendemos aquello que compartimos como seres, como personas, aquello que es inherente a nuestra especie, más allá de las diferencias, las geografías, las circunstancias y los tiempos históricos. En la obra literaria se refleja la riqueza del patrimonio humano, los sistemas de valores y creencias, los paradigmas culturales, el lenguaje, el paso del tiempo y las infinitas combinaciones que es capaz de lograr el genio creativo y manifestarse en una gran variedad de obras y géneros.
Leer literatura implica abrir los ojos, descubrir aspectos desconocidos y ocultos de la condición humana, sumergirnos en sus misteriosos laberintos que nos permite explorar, investigar y acercarnos a una idea vaga de quiénes somos y qué caminos seguimos en este mundo. Leer es indagar, buscar respuestas, hacer nuevas preguntas para evitar el superficialismo, la rutina y la superficialidad.
Quien se asoma a una novela, a un poema, a un cuento o a una pieza teatral, descubre huellas de otros seres, de otras vivencia y, a partir de ellas, nutre y enriquece su propia vida porque es capaz de identificarse, de espejarse en otras experiencias, sentir en su propia piel las aventuras y las desventuras de personajes y criaturas; el latir de pasiones y de sentimientos ajenos vividos como propios.

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